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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2010.

el tesoro y el corazón

Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban

¿Qué es atesorar en el cielo?. ¿Ir lanzando  piedras preciosas con la esperanza de que un ángel las guarde en un cofrecillo para cuando me toque subir?; No, está claro que no; es más sencillo que todo eso y más complicado también... Se trata de enriquecer el corazón y ensancharlo para dar cabida a los demás; y ese corazón es el que perdura a través de los años, se forja y enriquece para  hermosear el mundo y su entorno; está destinado a perdurar...

Tu tesoro, el más grande, es tu corazón... cuídalo, renuévalo...

En estos días...

De nuevo nos acercanos vertiginosamente hacia la Navidad. Me acaban de dar las vacaciones y estaba en la habitación mirando los correos varios que no he podido abrir estos días de locura en el colegio. Lógicamente, las felicitaciones van que vuelan de un rinconcito a otro del mapa donde he ido dejando  parte de mi corazón: amigos, familia, conocidos...

Yo apenas he escrito postales de felicitación. El correo ha sustituido el formato papel y, quieras que no, ha vestido de cierta impersonalidad el contacto escrito entre las personas. La letra, que dice tanto de nosotros, está ausente en nuestra comunicación escrita...

Vuelvo a mi pensamiento recurrente en estos días; tengo una entrada del año pasado hablando de lo mismo. Me gustaría rescatar para mí misma y para muchas personas que nos decimos cristianas el sentido de la Navidad. Quien más, quien menos, la gente sabe que en Navidad celebramos el nacimiento de Jesús. Ahora bien, ¿quién es Jesús?, ¿qué significa que el Verbo se Encarna?; ¿por qué lo hace?; ¿qué implicaciones tiene eso en mi vida diaria?

Leía hace días una reflexión de un hombre ateo (era un periódico, pero no sé cual) defendiendo el derecho al ateismo y la dificultad que tienen para respetar, de fondo, a los que creemos lo que para ellos es ilógico, irracional e inconcebible: "ved que una Virgen concebirá un niño..."; "El padre y yo somos una misma cosa"; "al llegar la plenitud de los tiempos, el Verbo se hizo carne...", suma y sigue escribiendo los grandes misterios de la fe. Le entiendo perfectamente y, sin embargo, yo, que tengo la "certeza" de la fe (la entrecomillo porque es un tipo de certeza que habría que analizar, no versa sobre cosas evidentes, está claro), comprendo, admiro y agradezco infinita y diariamente la encarnación del Verbo; se hace hombre y recorre el camino como cualquiera de nosotros, se abaja para que pueda subirme a la cercanía de mi Padre Dios. Y este es el meollo de la Encarnación, Dios decide hacerse hijo en el Hijo para elevarme a la dignidad de hija queridísima suya, ¡hija de Dios!, por mi sangre corre la sangre divina ganada en una Cruz!!!. Entiendo que un ateo no pueda concebir la lógica de la fe ni la dimensión trascendente de la vida, también de la suya...

Un conocido mío intentará pasar las últimas horas del 2010 y las primeras del 2011 compartiendo mesa y mantel con los sin techo de Madrid; un modo auténtico de meterse a fondo en Belén. Yo estaré con mi familia. Pediré con el corazón por todas las personas que han pasado por mi vida y por toda la humanidad..

 

23/12/2010 10:37 wasantiya Enlace permanente. Varios No hay comentarios. Comentar.


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