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Zweig y los "Cazadores de mujeres"

Era uno de esos jóvenes cuya cara bonita le han servido de mucho y que están siempre dispuestos a un nuevo encuentro, siempre en tensión para acometer lo desconocido de una aventura; a los que nada sorprende porque lo han atisbado todo calculadamente, y que, familiarizados con el  erotismo, consideran a la mujer en el plano sensual desde la primera ojeada, sin tener en cuenta si se trata de la mujer de un amigo o de la doncella que se introduce en el cuarto de aquélla. En general se ignora cuán justo es el apelativo de "cazadores de mujeres", que se aplica con cierta ligereza despreciativa; pues, en efecto, todos los apasionados instintos de la caza: el oteo, la excitación y la crueldad, se dan en la inagotable vigilancia de estos sujetos. Siempre se hallan al acecho de lo que salga y dispuestos a seguir el rastro de una aventura hasta el final. La pasión del enamorado nada tiene que ver en esto, sino la del jugador frío, calculador y peligroso. Existen los perseverantes, a quienes la vida se les descompone en un centenar de experiencias sensuales: una mirada al pasar, una sonrisa robada, el contacto con una rodilla y para quienes el año se descompone,a su vez, en una serie de días del mismo carácter: hombres a quienes la aventura sensual viene a ser como la fuente o la chispa que nutre la vida por entero

(Stefan Zweig, Terrible secreto)

Esta obra, que en otras ediciones aparece bajo el título de Ardiente deseo, es una obra maestra, como tantas de la obra del escritos vienés, en el trazo psicológico de los personajes. De gran capacidad narrativa, con una esquisita delicadeza en la descripción de los sentimientos, consigue seducir desde el principio hasta el final 

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