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Shakespeare y el Mercader de Venecia

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Pocas novedades se pueden escribir sobre la obra de Shakespeare; no tengo pretensiones de innovación, me faltan ganas, tiempo y capacidad...

Hace un par de semanas estuve viendo con una amiga y compañera de trabajo, una película que me animó a releer a este genial escritor. La película se titula "El hombre sin rostro", dirigida e interpretada por Mel Gibbson. Interesantísima y muy adecuada para trabajar en el aula con adolescentes de la E.S.O. Gibbson es un hombre con el rostro totalmente desfigurado por un misterioso accidente acaecido hace unos diez años. Esta situación le hace vivir aislado de la gente hasta que un buen día, un chaval con fama de mal estudiante y con "aparentes" pocas luces (sólo necesitaba un buen profesor), decide pedirle ayuda para preparar un examen de ingreso en la academia militar en la que había estudiado su difunto padre. Comienza así una relación entrañable entre profesor-alumno en la que aparecen las cualidades de un gran "maestro" y también los miedos, inseguridades, fantasmas del pasado de uno y otro protagonistas... En una escena, el profesor consigue meter en el muchacho la pasión y el goce que puede producir una obra literaria y es, precisamente, con la representación del Mercader de Venecia...

La clemencia no quiere fuerza; es como la plácida lluvia del cielo que cae sobre un campo y la fecunda; dos veces bendita porque consuela al que da y al que la recibe. Ejerce su mayor poder entre los grandes; el signo de su autoridad en la tierra es el cetro, rayo de los monarcas. Pero aún vence al cetro la clemencia, que vive, como en un trono, en el alama de los reyes. La clemencia es atributo divino, y el poder humano se acerca al de Dios, cuando modera con la piedad la justicia. Hebreo, ya que pides no más que justicia, piensa que si sólo justicia hubiera, no se salvaría ninguno de nosotros. Todos los días en la oración pedimos clemencia, pero la misma oración nos enseña a perdonar como deseamos ser perdonados...

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wasantiya

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